¿Alguna vez regalaste algo carísimo y la persona lo guardó en un cajón?
O peor: te lo agradeció con una sonrisa educada pero vos supiste -en ese mismo instante- que no la tocó por dentro.
A mí me pasó. Compraba corriendo, elegía lo primero que parecía "lindo", gastaba plata que no sobraba... y después veía ese regalo convertirse en un objeto más. Uno que ocupa lugar pero no emociona.
Hasta que entendí algo que cambió todo: no se trata de cuánto gastás. Se trata de cuánto la hacés sentir.
Los regalos que terminan en un cajón vs los regalos que cambian una vida
Hay dos formas de regalar.
Una es la que hacemos en piloto automático: Vamos a la tienda, elegimos algo "lindo", lo envolvemos bonito, lo entregamos. Cumplimos. Tachamos la lista. Listo.
Y no está mal, ¿eh? A veces es todo lo que podemos dar. Pero seamos honestas: esos regalos rara vez emocionan de verdad. Porque fueron elegidos desde la obligación, no desde la intención.
La otra forma es la que cambia todo: Elegís pensando en quién es ella. En lo que está atravesando. En lo que necesita escuchar pero nadie le dice. En lo que merece sentir pero se olvidó de darse permiso para recibirlo.
Y cuando eso pasa, el regalo deja de ser un objeto. Se convierte en un espejo. En una caricia. En un "te veo, te conozco, te honro".
Esos regalos no se olvidan. Nunca.
Cómo elegir un regalo que sí emociona
Si estás buscando un regalo para tu mamá, tu hija, tu hermana, tu amiga (o para vos misma, que también cuenta), hacete estas tres preguntas antes de comprar:
1. ¿Este regalo la va a hacer sentir vista?
No se trata de si es útil o bonito. Se trata de si ella va a sentir que realmente la conocés. Que la escuchás. Que sabés quién es más allá de lo que muestra.
2. ¿Este regalo va a acompañarla en el tiempo?
Los mejores regalos no son los que se usan una vez. Son los que vuelve a buscar cada vez que se siente perdida. Cada vez que necesita recordar quién es. Cada cumpleaños. Cada crisis. Cada momento importante.
3. ¿Este regalo va a honrar quién es ella (no quién querés que sea)?
Esto es clave. No regalamos para cambiar a la otra persona. Regalamos para celebrarla. Para decirle: "Sos suficiente. Así como sos. Y esto es para que lo recuerdes."
El regalo que la va a acompañar toda su vida
Por eso creé Carta de mi Alma para Mí.
Porque después de atravesar mi propia crisis -ese momento en el que me miré al espejo y no me reconocí, en el que fui todo para todos menos para mí- mi Carta Natal fue lo que me ayudó a volver a mí misma.
Pero no porque me dijera "tenés Saturno en casa III" o "tu Luna está en Capricornio".
Sino porque me habló en el lenguaje de mi alma. Me recordó quién vine a ser. Me mostró los dones que vine a desplegar. Me dio permiso para soltar lo que no era mío.
Y pensé: ¿Cuántas mujeres necesitan escuchar esto? ¿Cuántas hijas, amigas, hermanas, mamás están esperando que alguien las vea de verdad?
Entonces empecé a crear Cartas para otras. Escritas. Sin tecnicismos. En lenguaje cotidiano. Para que cada mujer pudiera leer su propia historia como si su Alma le estuviera hablando directamente.
Y desde entonces, cada vez que entrego una Carta, pasa lo mismo: la persona la lee y llora. O sonríe. O las dos cosas al mismo tiempo.
Porque finalmente alguien puso en palabras lo que ella sentía pero no podía explicar.
Si es para Navidad, es momento de pensarlo
Te digo algo que tal vez no querés escuchar pero necesitás saber: cada Carta Natal narrada la hago 100% yo. Analizo cada carta pensando en esa mujer específica. Armo cada cuaderno con mis propias manos. Y eso lleva tiempo.
Dos semanas de producción + el tiempo de envío.
Entonces si estás pensando en regalarle esto a alguien para Navidad -o regalártelo a vos misma, que también es un acto de amor-, es momento de encargarlo.
No porque te esté apurando. Sino porque quiero que llegue a tiempo. Que esté ahí, bajo el árbol o entre tus manos, cuando más lo necesites.
Y vos, ¿a quién querés honrar este año?
Pensá en esa persona que amás. En tu mamá, tu hija, tu hermana, tu mejor amiga. O en vos misma, que también merecés ser honrada.
¿Qué le dirías si pudieras hablarle directo al alma?
Ahora imaginá que ella pudiera leer eso. Guardarlo. Volver a eso cada vez que lo necesite.
Ese es el regalo que nunca se olvida.
Y ese es el arte de regalar consciencia.
Si después de leer todo esto sentís que la querés bajo tu arbolito esta Navidad:
Hacé click acá y reservá la tuya
Es un regalo que emociona. Que acompaña. Que honra.
Y si lo que querés es regalártela a vos misma después de tanto tiempo de ponerte última, también está perfecto. Porque vos también merecés sentirte vista.
Con cariño,
Betiana

